Pienso yo que la causa de que Welles tenga una visión anti maniquea del mundo, de que haya conseguido borrar y emborronar a su gusto la noción de protagonista y la de bueno y malo, se debe, más que a sus viajes por el extranjero, al conocimiento precoz e intenso de Shakespeare. (…) 
Francois Truffaut

 

¿Qué es lo que ocurre cuando se une el talento de un prodigio del cine como el de Orson Welles  con la inmensa obra de  un indiscutible genio de la literatura  llamado William Shakespeare? El resultado son tres películas atemporales que a pesar de superar los cincuenta años de realización pueden ser valoradas entre las mejores adaptaciones llevadas a la pantalla grande  sobre las tragedias del escritor.ORSON WELLES

Orson Welles  el guionista, actor y director de la lengua  viperina y los malos modos, es el causante de revolucionar y admirar a la comunidad intelectual del Séptimo Arte con la filmación de la que hasta hoy es considerada la mejor película en la historia del cine norteamericano : El Ciudadano Kane .

Narcisista y ególatra, Welles  vivió como nadie una relación de amor-odio con el Hollywood dorado, estupefacto de su habilidad para plasmar maravillas en el celuloide pero también cansado de la irritabilidad, los desaires y la rebeldía del siempre polémico  director.

Es durante  estos distanciamientos con la gran pompa hollywoodense, que Welles  agrega a  su aclamada filmografía  los textos shakesperianos y en las que toma parte no sólo dirigiendo, sino escribiendo y actuando. Cuenta la leyenda que Welles sentía una profunda admiración por William Shakespeare y que ya desde sus inicios en el  teatro colegial interpretó personajes como  Julio César y Marco Antonio; así que llevar al cine  al inimitable dramaturgo  inglés era una empresa ineludible y obsesiva en la carrera del director estadounidense.  Macbeth (1948),  Othello (1952) y Falstaff o Campanadas de Medianoche (1965) son las películas en las que  Welles versiona a Shakespeare impregnándolas con su distintiva calidad de cineasta sin demeritar en ningún momento la riqueza inherente a la tragedia original.

Macbeth (1948)

 

Carente del apoyo de los grandes estudios de cine, Welles realiza esta película con un muy bajo presupuesto, más propio de cintas consideradas de clase B que de una gran producción de cine histórico.  Shakespeare escribió esta tragedia aproximadamente en 1606 basado en personajes y conflictos políticos que rodearon al trono de Escocia durante la Edad Media, pero más que el relato del usurpador histórico, Macbeth es la caída de un hombre a manos del destino, que traiciona y mata por ambición y después por el miedo de lo que en el fondo sabe inevitable: su destrucción.

La ironía  de un hombre que tranquilamente pudo tener   fortuna ganada por méritos propios  y que lo pierde todo por impaciencia y codicia , es la que abunda en las páginas de Macbeth, a quién nunca logramos ver como un auténtico tirano, sino como la víctima de poderes más allá de los límites humanos: la ruina de Macbeth inicia con su encuentro con “las fatídicas hermanas” que anuncian la efímera ascensión del príncipe y su posterior  olvido y que junto con Hécate vaticinaran engañosos augurios que lograran despertar una leve esperanza en el atormentado juicio del ya temeroso rey Macbeth.

El elemento sobrenatural, la locura y los fantasmas forman una parte esencial en este relato  y a pesar de lo escasa financiación, la película de Welles resalta esta  oscuridad de la escritura original como  ninguna otra adaptación, apegandose a los canónes clásicos al representar a las tres brujas como ancianas con escobas y calderos, utilizando encantos y muñecos para sellar la  ruina del maldecido rey. A pesar de que  Orson Welles  generalmente acapara los primeros planos, la famosa escena de la muerte de Lady Macbeth es una de las más llamativas en este filme, que posee un encanto entre cine de terror y teatro clásico.

Othello (1951)

 

Rodada con un presupuesto mucho mayor que Macbeth, Orson Welles realiza, en medio de problemas y después de tres años de filmación, la que será una de sus mejores películas, al adaptar la tragedia clásica de Shakespeare  sobre el celoso moro de Venecia . Nuevamente Welles se encarga de la escritura del guíon, la dirección y el papel protagónico del proyecto.

Este drama   centrado en la caída en desgracia del coronel Otelo, quien colocado en la cima del éxito gracias a sus victorias militares y al amor correspondido por la bella Desdémona, es objeto de la envidia de un inescrupuloso e intrigoso Iago, quien declara  su odio visceral hacia el  moro. Si bien el protagonismo recae en la pareja formada de Welles y Suzanne Cloutier, la actuación de Michéal Mac Liammóir como el mentiroso Iago no tiene desperdicio ya que lo vemos disfrutar con cada avance del plan de engaños que inteligentemente ha maquinado para envenenar a Otelo en contra de Desdémona y conseguir así su devastación.

William Shakespeare presenta otra vez en este argumento la ironía de la vida y un destino cruel venciendo los inútiles esfuerzos del hombre por alcanzar felicidad . La tragedia se desatará de la mano de Iago, personificación del egoísmo y la cizaña, que serán ahora los pecados circundantes capaces de aniquilar la pureza , el feminismo y el amor simbolizado en Desdémona. Otelo por su parte camina como víctima, tonto y victimario hacia la fatalidad, al dudar de la fidelidad de Desdémona y matarla en un  arranque de celos, saldando así la cuenta del que será el gran tema de la literatura áurea del siglo XVII: el restablecimiento del honor.

A pesar de la polémica edición que este largometraje  ha sufrido a lo largo de los años , aún quedan escenas  recordadas , como el espectacular inicio retratando el funeral de Otelo en plena Venecia renacentista,  la sentimental muerte de una inocente Desdémona y el suicidio de un doliente Otelo que comprende tristemente que ha sido blanco de la burla y conjura de Iago. La película respeta acertadamente el texto clásico y   el contexto de la historia con planos del paisaje y la vida en la  Italia del siglo XVII. Las actuaciones están a la altura del teatro de Shakespeare y la cinta con todo y los altibajos que implicó su grabación y el betún en la cara de Orson Welles, consigue la codiciada Palma de Oro  en el festival de Cannes de 1952.

 

Falstaff o Campanadas de Medianoche (1965)

 

Utilizando fragmentos de las obras: Enrique IV, Enrique V, Ricardo II y Las alegres comadres de Windsor, Orson Welles concibe el guión de Falstaff o Campanadas de Medianoche . La historia esta centrada en el irreverente y burlesco  Sir John Fastaff a quien William Shakespeare utilizó para satirizar la monarquía, los pecados y excesos de su tiempo. Falstaff es un  personaje, gustoso de los placeres terrenales como la glotonería, la bebida y las prostitutas y muy dado a los engaños, los hurtos y la pereza. Uno de los festivos acompañantes del pintoresco y ruín Falstaff es nada menos que Hal, el príncipe de Gales,  a quien lores y vox populi recriminan constantemente sus escandalosas andanzas y  malas compañias. El momento de redención para el señalado Hal llegará en la histórica batalla de Shrewsbury en la cual derrota al orgulloso Lord Percy de Northumberland y más tarde tendrá que cumplir con el destino que por nacimiento tiene trazado y convertirse en rey de Inglaterra.

La corona significara una carga pesada para el joven monarca, quien tendrá que renunciar a la vida de diversión y taberna y renegar de su antiguo amigo y mentor Falstaff, a quien termina condenando al destierro. Esta traición  a la amistad es para Welles el tema central de la película y logra plasmarlo en una de las escenas dramáticas finales que contrastan con los alegres planos dentro de prostíbulos  donde generalmente aparece Falstaff, que sobra decirlo fue uno de los mejores papeles del director (tal vez por el parecido físico y moral). La película entera es considerada por Orson Welles como su mejor obra, aunque los críticos no coincidan con la idea y el diálogo literario se transporta  correctamente a la pantalla grande.

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