Y soñé. Soñé con dulces muertas blancas, cuyos muslos temblaban sobre mi piel…con ricos sepulcros de mármol, muy ventilados y alegres…

 

Francisco Tario, La noche del féretro, 1943

 

Francisco Peláez Vega mejor conocido con el seudónimo de Francisco Tario es uno de los escritores más singulares nacidos en el siglo XX. Contemporáneo de Rulfo y Arreola, con quienes no compartió el reconocimiento ni la gloria, pero sí lo extraordinario de su obra; Tario es todo un espécimen raro y no es casualidad que sus libros sean hasta años recientes reeditados y sobre todo valorados.

Alejado del realismo mágico y del boom latinoamericano, encaminó su labor literaria hacia el infravalorado y aún difícil de definir género fantástico y sus derivados. Libre del sentimentalismo postrevolucionario y las historias de la naciente ciudad de México, los universos de Tario lucen más cercanos al gótico de la Inglaterra victoriana y sus personajes están sin duda emparentados al folklore anglosajón que originó las historias de Frankenstein y Drácula.

Sin ser una imitación de Poe, Borges o Lovecraft; su narrativa  posee una  originalidad que atrapa a cualquier amante de los libros de terror con un estilo tan inusual en el panorama nacional, que probablemente lo margino por décadas al olvido.

La noche editada en 1943 es la primer publicación de Francisco Tario. En la serie de cuentos que integran este trabajo desfilan seres inanimados, animales y hombres que hace mucho tiempo han dejado de serlo. La pluma de Tario los convierte a todos en personajes tétricos, sobresaliendo en medio de la densa atmósfera que su creador ha construido para ellos.

Enfermos, féretros, barcos, perros, gallinas protagonizan La noche motivados por las mismas angustias, los vacíos y deseos humanos. Tario es un existencialista que suicida navíos cansados como los hombres de repetir mares e historias; habla de condenas, necrofilias y venganzas como de la penumbra que se posa sobre la perfecta creación de dios y encuentra el escape a esta oscuridad en la paz de la muerte y la impunidad de la locura.

“Todas las mujeres tienen su hombre. ¡Todas, todas¡ He nacido demasiado tarde y ya no hay un corazón disponible.”
Comienzo a temblar, palidezco de estupor y necesito sentarme en el filo de la acera. Un sudor helado y grasoso me arroya por las sienes.
“¡Todas, todas tienen su hombre¡”

 

Francisco Tario, La noche del loco, 1943.

Es en el otro mundo que alarga la noche, donde el autor abandona su nihilismo y los fantasmagóricos personajes cumplen libres de pecado sus anhelos  más siniestros, extasiados en una esperpéntica felicidad, posible únicamente en su distorsionada  realidad literaria, llena de veracidad y abierta a las diversas alternativas de la imaginación.

Los ambientes de todos los relatos están diseñados para que la anormalidad emerja sigilosa entre los párrafos. Abundan los paisajes solitarios y nocturnos, bosques espesos, frías bibliotecas y los cementerios.

Heredero de toda una tradición,  conoce y utiliza los símbolos asociados a la literatura fantástica para edificar con un delicado estilo sus propias pesadillas. La muerte y el homicidio ocurren naturales casi necesarios para redimir la imperfección. La demencia marcha en traje y zapatos de charol para desenterrar a los muertos.

Y otro mundo más noble, infinitamente más bello, salió a mi encuentro. Un mundo húmedo, susurrante y pleno. Un mundo de fosforescencias extrañas, de monstruos casi divinos, de sombras gráciles que se deslizan sin ningún ruido, de mujeres azules y hombres con escamas rojas, de copas cargadas de sal.

 

Francisco Tario, La noche del buque náufrago, 1943.

El amor es un ente torcido convertido en violencia, incesto y violación. Tario no es un moralista y en sus historias hay espacio para el deseo y la seducción; también lo hay para ironizar estructuras sociales como la familia y las relaciones de poder. Las tramas son además de ingeniosas, provistas de un humor inteligente que le encanta sacar a flote la decadencia de los hombres.

Tzvetan Todorov en su definición sobre lo fantástico coloca como primordial para considerarse dentro del género a la capacidad de un texto para provocar vacilación. Germinan abrumadoras dudas en personajes y lectores, al encontrarse sorpresivamente inmiscuidos en territorio de lo profano. Acusados de perpetrar crímenes y violaciones o enfrentados a las abyectas  criaturas del imaginario tariano, no son capaces de distinguir si han traspasado los  límites de la realidad y el sueño, entre la vida y la ficción.

Uno de aquellos hombres —sin duda el jefe de ellos— dio unos pasos hacia la orilla y, apoyándose en el borde del estanque, me preguntó quién era yo, qué buscaba en aquel lugar a semejante hora y de qué modo había conseguido penetrar allí. «Estoy soñando», le respondí. El hombre no pareció entender lo que yo decía y repetí con fuerza: «Estoy simplemente soñando».

 

Francisco Tario, Entre tus dedos helados, 1968

Sin duda, una experiencia de otro nivel penetrar en los mundos de Francisco Tario. Abajo algunos enlaces para leer más sobre el autor:

http://www.elem.mx/autor/datos/1042

http://www.uam.mx/difusion/revista/mar2004/tario.pdf

http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf/francisco-tario-121.pdf

 

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