Yo no busco en las personas ni la bondad ni la buena educación siquiera…, aunque creo que esto último es imprescindible para vivir con ellas. Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría…Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos…
Carmen Laforet, Nada, 1945.

 

Carmen Laforet entra muy joven en el grupo de literatos que marcará un cambio en las letras españolas de la posguerra y que influirá significativamente en los estilos narrativos actuales. Con tan sólo veintitrés años, la escritora barcelonesa gana en 1945 el premio Nadal por su primer novela Nada, recibiendo la atención de autores consagrados como Azorín y Juan Ramón Jiménez.

La herida de la guerra civil y la implantación de la dictadura franquista aún calaban hondo en cada resquicio de la vida española. La sociedad en crisis lloraba a sus muertos y a la libertad arrebatada. Las letras, contagiadas del infortunio, tenían que dar testimonio de su sentir.

La poesía se vuelve pesimista y desarraigada. Los narradores comienzan a mostrar el lado más sombrío de una España que se confunde entre los escombros de la burguesía costumbrista y los sueños aplastados con la revolución derrotada.

La obra prima de Laforet será junto con La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela, pionera del denominado tremendismo español y la escritora destacará dentro de un círculo literario dominado todavía por hombres.

Sí Pérez Galdós llenó de verosimilitud y lágrimas a las letras de España, el tremendismo de la década de los cuarenta, implemento la crudeza exagerada, permitiendo poco espacio a la esperanza. Las ciudades son pobres y apagadas, los diálogos más blasfemos y las historias concluyen en lo imperturbable de la cotidianeidad casi vulgar, que asfixia. Más que reflejar la tragedia, el tremendismo elabora una aguda crítica social, desde la cima de la pirámide hasta la corrupción inherente a cada persona.

Los primeros párrafos de Nada transmiten desde el inicio una atmósfera gris y desolada.  Barcelona está desamparada y también lo está Andrea, la protagonista. La orfandad será desde el inicio un tema recurrente en el universo de Laforet, para dar voz al destierro y al saberse extranjero en la propia casa.

Las ilusiones de Andrea se desploman en una página, escrita con maestría, al arribar a la casa familiar y reconocer de inmediato y con franca desilusión, el estado de podredumbre que habita adentro.

Lo que estaba delante de mí era un recibidor alumbrado por la única y débil bombilla que quedaba sujeta a uno de los brazos de la lámpara, magnífica y sucia de telarañas, que colgaba del techo. Un fondo oscuro de muebles colocados unos sobre otros como en las mudanzas. Y en primer término la mancha blanquinegra de una viejecita decrépita, en camisón, con una toquilla echada sobre los hombros. Quise pensar que me había equivocado de piso, pero aquella infeliz viejecilla conservaba una sonrisa de bondad tan dulce, que tuve la seguridad de que era mi abuela.

El resto de la progenie constituye un cumulo caricaturesco de vicios humanos, cada uno enquistando su propia calamidad y miseria. Son personajes bien construidos, con historia personal y ante todo humanos, utilizados para satirizar la religiosidad, el machismo, la violencia y la absurda división entre hermanos que dejó la contienda bélica.

Con frecuencia me encontré sorprendida, entre aquellas gentes de la calle de Aribau, por el aspecto de tragedia que tomaban los sucesos más nimios, a pesar de que aquellos seres llevaban cada uno un peso, una obsesión real dentro de sí, a la que pocas veces aludían directamente.

El lenguaje y el ambiente dentro de la vivienda son nauseabundos y a cada habitante se le concederá un respiro en el exterior. Al traspasar los muros encuentran privacidad y a veces olvidan la pobreza. En la búsqueda de esa libertad, Laforet personifica en Andrea a una mujer feminista, pese al macilento entorno que la circunda.

Andrea que asiste a la universidad, viaja sola por las calles, se enfrenta a las moralinas de su tía Angustias y desprecia pretendientes que no le gustan, es una muestra de las jóvenes que poco a poco comenzaron a llenar las aulas  españolas a mediados del siglo pasado para abrir las puertas a las ulteriores y a la modernidad. La escritora se da el lujo de sugerir aunque sea entre líneas el derecho de las féminas a la sexualidad y a divertirse, sobre todo al introducir un personaje como el de Ena, símbolo de muchas aspiraciones no sólo de las mujeres, sino de todos los muchachos de la época, cansados de la guerra.

Gerardo súbitamente me atrajo hacia él y me besó en la boca. Sobresaltada le di un empujón, y me subió una oleada de asco por la saliva y el calor de sus labios gordos. Le empujé con todas mis fuerzas y eché a correr. Él me siguió. Me encontró un poco temblorosa, tratando de reflexionar. Se me ocurrió pensar que quizás habría tomado mi apretón de manos como una prueba de amor. —Perdóname, Gerardo —le dije con la mayor ingenuidad—, pero ¿sabes?…, es que yo no te quiero. No estoy enamorada de ti.

En la ficción y en la realidad hay amigos inolvidables, y Laforet no evita mencionar al círculo de amistades de Andrea. No solamente Ena que tendrá una misión dentro de la historia, sino el resto de intelectuales y burgueses que muestran otra cara de la comunidad española y en su opulencia, tratan de emanciparse a través de la educación y el arte del ánimo azaroso que prevalece.

Ningún día de la semana se parecía Ena a esta muchacha alocada, casi infantil de puro alegre, en que se convertía los domingos. A mí —que venía del campo— me hizo ella ver un nuevo sentido de la naturaleza en el que ni siquiera había pensado. Me hizo conocer el latido del barro húmedo cargado de jugos vitales, la misteriosa emoción de los brotes aún cerrados, el encanto melancólico de las algas desmadejadas en la arena, la potencia, el ardor, el encanto esplendoroso del mar.

Nada tiene ya indicios de novela policiaca, la lectura es engañosamente sencilla pero va urdiendo por debajo una trama que involucra a varios personajes y distintas épocas, logrando mantener el interés y resolviéndose hasta la última página. Aquí hay un villano, una protagonista inspectora y un final que es  lógico, pero sí sorprende al lector.

Carmen Laforet fue la mayor crítica de sus libros. Rompió papeles mucho más de lo que publicó, siempre en busca de la frase precisa y de la vanguardia. Aunque la fama llegó temprano en su carrera, huyó siempre de los periodistas y de las cámaras. A pesar de los largos períodos de inactividad en la escena pública, fue leal en su compromiso con la literatura y no con la élite que le rodea. La lista de obra publicada es corta, pero la profundidad e importancia extensa.

Abajo links de varios libros de la autora:

http://asset.soup.io/asset/2055/4363_8955.pdf

https://abenzaide.files.wordpress.com/2014/02/carmen-laforet-la-mujer-nueva-premio-nacional-de-narrativa-1957.pdf

https://abenzaide.files.wordpress.com/2014/02/laforet-carmen-la-insolacion.pdf

 

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