Neil Gaiman quien saltó a la fama a finales de 1980, gracias a la aclamada obra gráfica The Sandman – la cual merece muchos post aparte-, publica en el año 2001, American Gods, para incursionar en el difícil arte de la novela fantástica.

La premisa del libro recupera el tema clásico del enfrentamiento entre dioses. El escenario de la confrontación no será Asgard o el Olimpo, Gaiman desentierra deidades de las mitologías  occidentales y las traslada a la agitada modernidad de finales de la centuria pasada.

Si bien la historia contiene un final que en definitiva le queda corto a la trama que se entreteje a lo largo de más de ochocientas páginas y deja al lector con la impresión de que hay muchos cabos sueltos a pesar de la última frase, el libro posee varias virtudes:

Incorporación de los mitos clásicos:

El mito concreta emociones, miedos y deseos humanos. Su valor es ante todo simbólico, como creador de nuevos significados, que dependen del contexto en que aparecen.

Neil Gaiman aprovecha su gusto por la mitología, para hacer desfilar  personajes sagrados, extraídos principalmente del folklore anglosajón. Los dioses siguen siendo mágicos y poderosos, pero Gaiman los expulsa de sus excéntricos reinos.

Confundidos entre la mortalidad de los hombres, sobreviven en la cotidianidad de las ciudades de Estados Unidos, son prodigios aletargados. La pregunta es, sí en nuestra escéptica realidad aún lograrán sorprendernos.

Ataviados con vestimentas normales, llenos de vicios, aparecen Odín, Loki, Anubis, Jesucristo y muchos otros. Pierden un poco su divinidad más no su encanto y recuerdan que aún en medio del progreso, persiste la necesidad de creer que hay algo ajeno a lo que explican y perciben nuestros cinco sentidos.

Necesidad que ha creado civilizaciones enteras y todo un imaginario fantástico, que sigue reinventándose mil años después, a través de las páginas de American Gods.

 

 Los nuevos dioses:

Los dioses primigenios están en decadencia, porque el mundo se ha olvidado de ellos. Pocos repiten su nombre y nadie les dedica ofrendas, sin embargo esto no se traduce en libertad.

¿A quién venera y por quién se sacrifica el hombre actual?  No se adoran estatuas en los templos, pero sí, figuras mediáticas, consumidas masivamente a través de la pequeña pantalla de un móvil.

Nos privamos de tiempo y vida, para alcanzar el estándar de éxito diseñado por un mundo, en el que ser un gran consumidor de bienes materiales es sinónimo triunfo.

Hay una obsesión por la tecnología y por adquirir lo más nuevo, aunque en unos  días deje de serlo. Toda una cultura de lo efímero.

Para Neil Gaiman estos son los conceptos que dominan el siglo, son los nuevos dioses que toman forma en los personajes de Media, Mr. World y Technical Boy.

Pulcros y recientes, su gloria se nutre del olvido en que están sumidos los ídolos antiguos y por supuesto, esto deriva en un enfrentamiento.

Los nuevos dioses ofrecen una crítica interesante y apocalíptica al capitalismo, las estructuras sociales y a los hábitos como las horas pérdidas en el internet, que poco a poco nos están consumiendo.

 

American Gods y la mirada sacrílega

 

American Gods tiene dos lecturas. Por una parte quiere creer en la presencia del  universo oculto y maravilloso que mueve los hilos de la fortuna y contiene cielos e infiernos que otorgan sentido a la existencia.

Por otro lado despoja a las deidades de su halo de magnificencia: los viste como personas, los representa malvados, vengativos y ambiciosos y cuestiona el por qué creer en ellos, si lo único que aman es la guerra.

Están temerosos del olvido, conocedores a final de cuentas, que son los hombres quienes han inventado a dios a imagen y semejanza.

Si los hombres pierden la fe, la idea de dios es confinada al vacío, pero seguramente, en algún tiempo y lugar, alguien contará su leyenda.

 

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